Entrevistas

Premio Ricardo Olea 2015:

Entrevista a la Dra. María de los Ángeles Avaria

18 de Mayo de 2016

Doctora María de los Ángeles Avaria

El año 2015, la doctora María de los Ángeles Avaria fue distinguida por SOPNIA con el premio Ricardo Olea. Quisimos conocer un poco más de su vida, su historia, su labor profesional y lo que sintió y le vino a la mente cuando recibió este galardón. Compartimos con ustedes la biografía escrita por ella.

“Terminados mis estudios de medicina el año 1975, la dictadura militar de alguna manera condicionó mi futuro, ya que por diversas razones la mejor opción en ese momento fue concursar a un cargo de médico General de zona en San Antonio, lo que no había contemplado en años previos, a donde partí con marido que viajaba, mi hijo Pablo de dos años y Francisco en camino. En San Antonio me dediqué a la pediatría, y creo que en conjunto con los colegas que llegaron ese mismo año, contribuimos a mejorar las condiciones de atención médica del Hospital Claudio Vicuña.

Posteriormente realice mi formación en pediatría en el hospital San Borja Arriaran, que en ese tiempo constituía un experimento de concesión a privados, en lo que era el "complejo hospitalario Paula Jaraquemada". Y fue quizás la mejor decisión que he tomado, ya que aquí conocí al doctor Fernando Novoa Sotta quien ese tiempo estaba cargo del Servicio de Neuropsiquiatría Infantil, quien fue el principal responsable de mi interés por dedicarme a la neurología pediátrica. Fue también la época en que ingrese como académico a la Universidad de Chile, colaborando en la formación de postgrado.

No sólo me transmitió el desafío intelectual que significaba la especialidad, sino también una manera de trabajar, de formar equipo y estudiar permanentemente, que he tratado de mantener en mi trayectoria profesional, y una manera de actuar en lo personal que ha sido ejemplo no sólo para mí sino para muchas generaciones. Trabajamos juntos por muchos años, una época que recuerdo con mucho cariño, ya que pese a una cantidad de trabajo enorme, existía un equipo excepcional en lo profesional y en lo humano, y fue la etapa en que nació mi hija Soledad.
Fue el Dr. Novoa el que me motivó a realizar una estadía de capacitación en enfermedades Neuromusculares, en ese tiempo poco estudiadas y conocidas, lo que hice con una Beca del British Council durante un año en la Queen’s University de Belfast y en el Hospital Hammersmith de Londres en el departamento del Dr. Victor Dubowitz. Fue una experiencia muy enriquecedora en lo profesional y en lo personal, ya que nos trasladamos en familia. A mi regreso, logramos en conjunto con médicos patólogos del Hospital San Borja, especialmente el Dr. Jorge Las Heras, incorporar técnicas de estudio histopatológicas que permitieron un gran avance en el diagnóstico de estas enfermedades.

Una vez que el doctor Novoa se trasladó a Viña del Mar, a su sugerencia y posteriormente por concurso me hice cargo de la jefatura del servicio de neuropsiquiatría, manteniendo un proyecto asistencial y docente con un equipo de gran entusiasmo y dedicación.

El año 99 decidimos en familia explorar un nuevo proyecto de vida y nos trasladamos a Valdivia, donde trabajé dos años como profesor asociado de la Universidad Austral de Chile. Fueron años de un tremendo desafío y donde conocí gente extraordinaria.

Más bien por razones familiares, volvimos a Santiago el 2001 y el doctor Leon Adlerstein me invitó incorporarme al equipo del hospital Dr. Roberto del Rí, donde me desempeño hasta la actualidad, siempre ligada a la salud pública y a la Universidad de Chile, específicamente al programa de formación de especialistas en Neurología Pediátrica, en un equipo extraordinario, en el que quiero destacar la larga relación profesional y de amistad con la Dra. Karin Kleinsteuber, a quien debo gran parte de mis logros.

El premio Ricardo Olea, otorgado por SOPNIA, ha significado para mí lo más importante que puede tener un profesional, que es el reconocimiento de sus pares. Y para mí, como para cualquiera, es muy gratificante sentir que mis pares consideran que he aportado al desarrollo de la neurología pediátrica en nuestro país, y que de alguna manera he sido parte del lograr que la atención que brindamos a los niños que nos necesitan sea mejor. Aunque sinceramente creo que solo he hecho mi trabajo, siento que este premio ha sido el resultado principalmente de haber contribuido, quizás con un grano de arena, a la formación de tantos nuevos neuropediatras, algunos excepcionales en su quehacer. Fue muy emocionante cuando en la ceremonia de premiación subieron al estrado tantos numerosos ex alumnos y alumnas, como demostración de afecto. A todos ellos y ellas mis agradecimientos.

En el transcurso de los años he visto crecer a SOPNIA, donde ingrese el año 1985. Éramos pocos, el congreso de factura modesta, ya que cabíamos todos, psiquiatras, neurólogos y demás profesionales en una única sala. Con el doctor Novoa como presidente y mi amiga psicóloga Gabriela Sepúlveda, nos encargamos de generar el primer boletín de la sociedad, una hoja que diseñábamos en un computador MAC de mi marido y se fotocopiaba, que posteriormente fue transformándose en la revista actual de la sociedad, importante en la difusión del conocimiento. SOPNIA ha logrado presencia en la comunidad y es un referente en cuanto actividades de capacitación y educación continua.

He tenido la oportunidad de asistir como testigo presencial al extraordinario cambio que habido en la sociedad chilena, en mejores condiciones de vida, en el acceso al información, el empoderamiento de los ciudadanos corrientes gracias entre varios factores, a una mayor y mejor educación , incluyendo a nuestros pacientes que llegan con preguntas más complejas y exigiendo, como corresponde, que sus derechos sean respetados. Tenemos que mantenernos muy conscientes, especialmente las generaciones mas jóvenes, que no debemos dejar de indignarnos frente a la injusticia, la mediocridad, la complacencia, que tenemos que seguir en la batalla para lograr nuestros ideales y metas, que necesitamos imaginación e innovación para encontrar mejores soluciones, sin perder jamás de vista que nuestro fin debe ser siempre el brindar la mejor calidad de atención a los niños, especialmente a los más vulnerables, no sólo en el aspecto profesional.

Y mientras mis amigos y amigas del equipo de trabajo del Campus Norte y hospital Roberto del Río, no me aconsejen retirarme, seguiré trabajando como siempre, tratando de resolver problemas diagnósticos o de tratamiento en nuestros niños, colaborando en la formación de los becados y buscando innovar en metodología, apoyando en proyectos de investigación, participando en el Comité de Ética de Investigación del Servicio Salud Área Norte, organizando cursos, especialmente aquellos dirigidos a profesores para el mejor manejo de los niños con problemas escolares que iniciamos hace unos años, y muy importante, motivando a las y los integrantes más jóvenes de nuestro equipo a perfeccionarse y continuar en el servicio público.

Aún queda mucho que hacer, y me siento muy feliz de tener el apoyo de mi marido con quien compartimos 44 años de matrimonio, 3 hijos y siete maravillosos nietos”.

Maria de los Angeles Avaria

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